No ha sido lo que se llamaría un "plácido domingo", pero bueno, tampoco me voy a quejar.
Esta mañana, puesto que mi mujer está un poco afectada de conjuntivitis no he ido a correr a València, como tenía previsto. A cambio, lo he pasado disfrutando de mis hijos, que rebosan de energía por todos los lados y han hecho de todo en el día de hoy. Desde cantar "Había una vez un bimbo" (circo, para lo que no entiendan el lenguaje de estas dos fieras) o "Sol, sooolet, vine vine, vine, viiii-ne..." hasta jugar a lanzar la pelota a las plantas y pedirme que se la recogiera, fingiendo que había sido por accidente -a la vigésima vez, ya comenzaba a pensar en la teoría de la causa-efecto y no en él "sin querer, papá".
Los mejores momentos del día los han protagonizado cuando sin saber por qué razón, han comenzado con su "Perquè!" para que les diera besos en el cuello; cuando hemos estado viendo el partido del Valencia Bàsquet con su segunda equipación, azul, y Gorka y Pau han comenzado a entonar el "Playas chu-chu-chu" (son unos hinchas playeros aférrimos, como se puede ver) y, por qué no, el momento de más intensa tranquilidad en la casa, cuando les he puesto el programa de dibujos animados homenaje a Miliki (4 veces seguidas) y se han ido a buscar sus taburetes y aplaudían cada vez que acababa una canción e incluso repetían algún fragmento.
Entre todo esto, he podido continuar un poco con el Repositorio Educativo y corregir exámenes. Así que, plácido domingo no, pero domingo relativamente plácido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario